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Felipe Yafe, y la experiencia de asistir a judíos combatientes de Malvinas

Escrito por kivun 11-09-2016 en Felipe Yafe. Comentarios (0)

Por Darío Brenman 

“Después de la guerra de Malvinas y por mucho tiempo sentí que todo el trabajo que realizaba en Córdoba me resultaba un tanto banal y me demandó un largo tiempo volver a encontrar mi enfoque” relata a Nueva Sión el Rabino Felipe Yafe, uno de los capellanes judíos que estuvo en el conflicto del Atlántico Sur en 1982 asistiendo espiritualmente durante 20 días a los combatientes judíos. 

¿Cómo se decidió su viaje para asistir a los soldados judíos en la Guerra de Malvinas? 

Al poco tiempo que comenzara la guerra, la DAIA solicitó al gobierno dictatorial brindar capellanes judíos para poder asistir a los soldados judíos que iban la guerra de Malvinas. Marshall Meyer me consulto si quería viajar y le dije que aceptaba. En un principio no entendía la situación que estábamos viviendo en la Argentina ya que los últimos seis años había vivido en Israel y luego solo había estado viviendo unos pocos meses en Córdoba. Recuerdo que tuve una reunión con las autoridades de la DAIA donde me informaron del proceso político que se estaba viviendo. 

¿Cuáles fueron sus expectativas antes de viajar al conflicto del Atlántico Sur? 

En aquel momento yo sentí por un lado que mi rabinato se honraba al realizar mi trabajo en una situación verdaderamente extrema. Tenía esa expectativa de poder llevar mis experiencias a una situación mucho más concreta, a un servicio más franco. En segundo lugar sentía que podía hacer algo por la Argentina. Yo no soy un patriota sino que soy un judío argentino como cualquier otro, pero sabía que los soldados estaban en una guerra y yo tenía una herramienta con la cual los podía ayudar y generar una contribución para mi país. Viví esos intensos 20 días que estuve en el sur como una experiencia de crecimiento espiritual ya que siento que el estar cerca del frente de guerra me hizo mejor persona y me dio nuevas herramientas, que más tarde utilicé durante mi rabinato. 

Usted pasó veinte días en Comodoro Rivadavia sin poder viajar a las Islas Malvinas… 

En realidad existió esa posibilidad pero al final hubo una decisión del gobierno militar de que no lleguen civiles al campo de guerra, tal vez para protegernos o tal vez para ocultar la verdadera situación que estaban padeciendo los soldados. 

¿Qué tareas realizó durante su estadía en el sur? 

Cada mañana a las 8:00 venía el Mayor González, quien tenía predeterminado a qué lugar debía dirigirme. Recuerdo que el primer día hacía mucho frío y al llegar al destacamento su comandante gritó a los soldados que los que eran judíos den un paso adelante. En ese momento se juntaron unas 30 personas y recordando mis años como Madrij comencé a dialogar con ellos y especialmente a escuchar lo que cada uno tenía para decir. Casi inmediatamente se generó una catarata de voces de soldados que buscaban expresarse y contar sus experiencias a modo de desahogo. El miedo a la muerte era un tema recurrente dentro de estos espacios de diálogo que duraban alrededor de 1 hora. También realizaba charlas individuales con cada soldado que duraban unos 15 minutos, donde muchos se largaban a llorar, extrañaban a sus padres, expresaban las constantes tensiones que sufrían y algunos se horrorizaban al imaginarse a sus madres llorando la muerte de sus hijos. 

¿Que otras tareas realizó en ese momento? 

En Comodoro Rivadavia existía una pequeña comunidad judía con un templo y no más de 10 familias a la que durante mucho tiempo no se le prestó atención, pero cuando nos radicamos allí para realizar mis labores pedimos al gobierno militar que dé autorización a grupos de no más de 50 soldados judíos para que puedan visitar este templo y participar de un Kabalat Shabat. Esta fue una experiencia muy fuerte para mí ya que tenía que realizar una prédica para algunos pocos soldados que al día siguiente tenían que volver a Malvinas. Al mismo tiempo me sentía incómodo ya que me cuestionaba de qué manera podía hablarles, ya que ellos al día siguiente irían a la guerra y yo les hablaba desde mi comodidad en Comodoro Rivadavia. 

¿Qué mensaje les brindaba a estos soldados en el Kabalat Shabat? 

Les hablaba acerca de la confianza y de la vida. También acerca de las dificultades y obstáculos que debíamos superar constantemente para fortalecernos. Que cumplan su función pero que al mismo tiempo se cuiden mutuamente. Creo que más allá de las palabras, lo que importaba era la vivencia de estos jóvenes judíos que llegaban al templo y sentían esa sensación de comunidad. También a pesar de que los soldados en situación de guerra tenían prohibido comunicarse con sus familiares, aprovechábamos el refugio del templo para que ellos puedan llamar a sus padres y sentirse cercanos a ellos. 

Debe tener muchas experiencias para contar… 

Sí, recuerdo por ejemplo que me enviaron a un campamento de heridos donde un coronel preguntó nuevamente quienes de los soldados eran judíos. Solamente uno levanto la mano; sin embargo me permitieron visitar a otros soldados que no eran de nuestra colectividad, chicos argentinos que se encontraban en graves condiciones, muchos de ellos tenían los pies hinchados a causa del frío y otros con heridas de bala. 

¿A estos soldados que no eran judíos les resultaba extraña su condición de rabino? 

Por lo general eran chicos correntinos que no sabían lo que significa ser un rabino, pero al percibir que había alguien que estaba dispuesto a escucharlos, no tardaban en abrir su corazón. Me contaban de sus heridas y me pedían cigarrillos y nuevas mudas de ropa que yo luego encargaba…. 

Una vez que finalizó la guerra ¿Qué balance pudo elaborar acerca de esta experiencia? 

Cuando volví lo primero que hice fue abrazar a mi familia pero por mucho tiempo sentí que todo el trabajo que realizaba en Córdoba me resultaba un tanto banal y me demandó un largo tiempo volver a encontrar mi enfoque. Al mismo tiempo luego de ver tantos soldados heridos, volví con un sentimiento de amargura a causa de la irresponsabilidad del ejército por haber enviado a centenares de jóvenes que no estaban preparados para afrontar esta guerra.

Fuente: http://www.nuevasion.com.ar/ediciones/22.pdf 

Los rabinos de Malvinas

Escrito por kivun 27-08-2016 en Rabinos de Malvinas. Comentarios (0)

COMBATIENTES EN EL CONTINENTE. El rabino Felipe Yafe (en el centro, de barba), junto a soldados judíos en una base en Comodoro Rivadavia.


"Qué raro que vos por ser judío estés combatiendo acá", le decía un sargento al soldado Pablo Macharowski en medio de los bombardeos durante la guerra de Malvinas, como si su religión fuera incompatible con ser argentino. "Había una cosa de si uno era argentino o no. Era como que por el hecho de ser judío no terminabas de serlo", afirma Claudio Szpin, del Regimiento de Infantería Mecanizada 3, de La Tablada, provincia de Buenos Aires. Él debió sufrir esa discriminación de parte de sus superiores en medio de los enfrentamientos con los ingleses. 

El antisemitismo y los sufrimientos que vivían los conscriptos israelitas durante el conflicto (bombardeos, hambre, frío y maltratos) hacían necesaria la asistencia espiritual de un rabino para que los ayudara a sobrepasar esos momentos difíciles. 

Pero eso era toda una utopía, ya que los únicos que contaban con este beneficio en el país eran los de origen católico, que recibían la visita de los capellanes castrenses desplegados junto a las diferentes unidades. 

En la Argentina, la única fe que podía prestar sus servicios en las Fuerza Armadas era la católica, algo que se mantiene hasta la actualidad. Las demás tenían las puertas cerradas a pesar de que muchos suboficiales y soldados profesaban otros credos. 

Por eso, el envío de cinco rabinos para que asistieran espiritualmente a los soldados judíos que estaban desplegados en las islas y en la costa patagónica fue todo un hito en la historia del país, ya que nunca antes se había dado y nunca más volvió a repetirse. 

Lo que resulta más increíble es que la designación de los religiosos se dio durante la última dictadura militar, que estaba acusada por el antisemitismo que existía en sus filas y en los centros clandestinos de detención. 

Pese a esto los rabinos pudieron viajar y prestarles asistencia espiritual a los soldados judíos desplegados en la Patagonia, aunque no los dejaron llegar a las Malvinas por razones que mezclan lo estratégico con prejuicios. 

Uno de estos casos fue el general de división Osvaldo García, comandante del Teatro de Operaciones Sur, quien se oponía a que arribaran los rabinos a Comodoro Rivadavia, escala previa para ir a las islas, a pesar de que era una orden del Estado Mayor Conjunto (EMC). 

Eso le provocó un enfrentamiento con su subalterno, el coronel Esteban Solís. "No vamos a aceptar a ningún rabino que venga para acá, porque no tenemos tiempo para recibirlos ni ocuparnos de eso. En este momento no vamos a hacer absolutamente nada de eso, de manera tal que si el Estado Mayor insiste veremos qué es lo que ocurre", le dijo García a Solís. Finalmente, recapacitó y permitió que pudieran cumplir con sus funciones. 

Así, el rabino Baruj Plavnick viajó a Comodoro Rivadavia el 12 de mayo, en camino hacia Puerto Argentino, seguido por sus colegas Efraín Dines, quien debía quedarse en esa ciudad (luego fue transferido a Trelew) y Tzví Grunblatt, destinado a Río Gallegos. Luego, Plavnick fue remplazado por Felipe Yafe, y Grunblat, por su hermano, Natán Grunblat. 

La negociación: La idea de enviar a los religiosos tuvo dos orígenes casi simultáneos que acabaron convergiendo en una sola gestión. La primera surgió del rabino Marshall Meyer, en una de las reuniones que solía realizar los sábados luego del servicio de Shabat en su departamento del barrio porteño de Belgrano. 

En seguida levantó el teléfono y se comunicó con el secretario general de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), Edgardo Gorenberg, para que buscara la forma de que un religioso fuera con las tropas argentinas. 

Al mismo tiempo comenzó a mover sus contactos en la Dirección General de Cultos y logró que le hicieran un vínculo con el Estado Mayor Conjunto (EMC). 


 

UNIDOS. Yafe junto a un representante protestante y otro católico.


Esta inquietud sirvió para que los dirigentes comunitarios se movilizaran, al punto de que plantearon abiertamente el tema en la Sesión Plenaria de la DAIA realizada el 26 de abril. Para ese entonces, el operador político de la institución, Bernardo Fain, ya se había reunido con el jefe del EMC, el vicealmirante Leopoldo Suárezdel Cerro y le había solicitado la posibilidad de que los cerca de 200 soldados judíos movilizados en el sur y en las Malvinas contaran con apoyo espiritual. 

Luego de varias idas y vueltas el marino le informó que las Fuerzas Armadas habían decidido aceptar su petición y que los rabinos partirían inmediatamente para cumplir con esta misión. 

Los rabinos capellanes: El Ejército y la DAIA no sabían cómo manejar este tema, ya que era algo inédito para ambos, a pesar de que los militares tenían a los curas como capellanes. Por un lado, el EMC había estipulado que debían "vestir como Capellán", pero los religiosos no se ponían de acuerdo sobre qué hacer al respecto cuando llegaran a sus respectivos destinos. 

Finalmente descartaron la idea. Más allá de esto, nunca fueron considerados capellanes, a pesar de que los llamaban así en todos los documentos oficiales. Esto hubiera implicado otorgarles un sueldo, un grado militar equivalente al que recibían los curas y, luego, una pensión de por vida como retirados. 

Fuente: http://www.lagaceta.com.ar/nota/483681/sociedad/rabinos-malvinas.html


Felipe Yafe - Conferencia Malvinas

Escrito por kivun 04-03-2016 en conferencias. Comentarios (0)

Les dejo la conferencia sobre Malvinas que hicimos en su momento con Bet Hilel. Espero la disfruten.