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felipe yafe

Los rabinos de Malvinas

Escrito por kivun 27-08-2016 en Rabinos de Malvinas. Comentarios (0)

COMBATIENTES EN EL CONTINENTE. El rabino Felipe Yafe (en el centro, de barba), junto a soldados judíos en una base en Comodoro Rivadavia.


"Qué raro que vos por ser judío estés combatiendo acá", le decía un sargento al soldado Pablo Macharowski en medio de los bombardeos durante la guerra de Malvinas, como si su religión fuera incompatible con ser argentino. "Había una cosa de si uno era argentino o no. Era como que por el hecho de ser judío no terminabas de serlo", afirma Claudio Szpin, del Regimiento de Infantería Mecanizada 3, de La Tablada, provincia de Buenos Aires. Él debió sufrir esa discriminación de parte de sus superiores en medio de los enfrentamientos con los ingleses. 

El antisemitismo y los sufrimientos que vivían los conscriptos israelitas durante el conflicto (bombardeos, hambre, frío y maltratos) hacían necesaria la asistencia espiritual de un rabino para que los ayudara a sobrepasar esos momentos difíciles. 

Pero eso era toda una utopía, ya que los únicos que contaban con este beneficio en el país eran los de origen católico, que recibían la visita de los capellanes castrenses desplegados junto a las diferentes unidades. 

En la Argentina, la única fe que podía prestar sus servicios en las Fuerza Armadas era la católica, algo que se mantiene hasta la actualidad. Las demás tenían las puertas cerradas a pesar de que muchos suboficiales y soldados profesaban otros credos. 

Por eso, el envío de cinco rabinos para que asistieran espiritualmente a los soldados judíos que estaban desplegados en las islas y en la costa patagónica fue todo un hito en la historia del país, ya que nunca antes se había dado y nunca más volvió a repetirse. 

Lo que resulta más increíble es que la designación de los religiosos se dio durante la última dictadura militar, que estaba acusada por el antisemitismo que existía en sus filas y en los centros clandestinos de detención. 

Pese a esto los rabinos pudieron viajar y prestarles asistencia espiritual a los soldados judíos desplegados en la Patagonia, aunque no los dejaron llegar a las Malvinas por razones que mezclan lo estratégico con prejuicios. 

Uno de estos casos fue el general de división Osvaldo García, comandante del Teatro de Operaciones Sur, quien se oponía a que arribaran los rabinos a Comodoro Rivadavia, escala previa para ir a las islas, a pesar de que era una orden del Estado Mayor Conjunto (EMC). 

Eso le provocó un enfrentamiento con su subalterno, el coronel Esteban Solís. "No vamos a aceptar a ningún rabino que venga para acá, porque no tenemos tiempo para recibirlos ni ocuparnos de eso. En este momento no vamos a hacer absolutamente nada de eso, de manera tal que si el Estado Mayor insiste veremos qué es lo que ocurre", le dijo García a Solís. Finalmente, recapacitó y permitió que pudieran cumplir con sus funciones. 

Así, el rabino Baruj Plavnick viajó a Comodoro Rivadavia el 12 de mayo, en camino hacia Puerto Argentino, seguido por sus colegas Efraín Dines, quien debía quedarse en esa ciudad (luego fue transferido a Trelew) y Tzví Grunblatt, destinado a Río Gallegos. Luego, Plavnick fue remplazado por Felipe Yafe, y Grunblat, por su hermano, Natán Grunblat. 

La negociación: La idea de enviar a los religiosos tuvo dos orígenes casi simultáneos que acabaron convergiendo en una sola gestión. La primera surgió del rabino Marshall Meyer, en una de las reuniones que solía realizar los sábados luego del servicio de Shabat en su departamento del barrio porteño de Belgrano. 

En seguida levantó el teléfono y se comunicó con el secretario general de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), Edgardo Gorenberg, para que buscara la forma de que un religioso fuera con las tropas argentinas. 

Al mismo tiempo comenzó a mover sus contactos en la Dirección General de Cultos y logró que le hicieran un vínculo con el Estado Mayor Conjunto (EMC). 


 

UNIDOS. Yafe junto a un representante protestante y otro católico.


Esta inquietud sirvió para que los dirigentes comunitarios se movilizaran, al punto de que plantearon abiertamente el tema en la Sesión Plenaria de la DAIA realizada el 26 de abril. Para ese entonces, el operador político de la institución, Bernardo Fain, ya se había reunido con el jefe del EMC, el vicealmirante Leopoldo Suárezdel Cerro y le había solicitado la posibilidad de que los cerca de 200 soldados judíos movilizados en el sur y en las Malvinas contaran con apoyo espiritual. 

Luego de varias idas y vueltas el marino le informó que las Fuerzas Armadas habían decidido aceptar su petición y que los rabinos partirían inmediatamente para cumplir con esta misión. 

Los rabinos capellanes: El Ejército y la DAIA no sabían cómo manejar este tema, ya que era algo inédito para ambos, a pesar de que los militares tenían a los curas como capellanes. Por un lado, el EMC había estipulado que debían "vestir como Capellán", pero los religiosos no se ponían de acuerdo sobre qué hacer al respecto cuando llegaran a sus respectivos destinos. 

Finalmente descartaron la idea. Más allá de esto, nunca fueron considerados capellanes, a pesar de que los llamaban así en todos los documentos oficiales. Esto hubiera implicado otorgarles un sueldo, un grado militar equivalente al que recibían los curas y, luego, una pensión de por vida como retirados. 

Fuente: http://www.lagaceta.com.ar/nota/483681/sociedad/rabinos-malvinas.html


Interpretación Textual e Identidad Religiosa

Escrito por kivun 27-06-2016 en Felipe Yafe. Comentarios (0)

Ponencia del Rabino Dr Felipe Yafe en el marco de la Conferencia del ICCJ 2014 realizada en Buenos Aires.

El ejercicio interpretativo del texto sagrado en el judaísmo, es el mecanismo por el cual la santidad de la palabra revelada puede transferirse a textos generados ulteriormente por autoridades religiosas a partir los cuales, la comunidad de Israel puede ordenar sus vidas.

La implementación para este propósito de principios hermenéuticos fijos, establecidos por nuestros sabios desde los orígenes del rabinismo es, en definitiva, la que otorga legitimidad confesional a estas obras. La puesta en práctica de manera dinámica y cotidiana de este ejercicio es imprescindible, sobre todo, para quienes adhieren, desde lo espiritual, a una tradición normativa. Para ellos, la pauta central que guía sus experiencias vitales, tanto desde lo mundano como desde lo cultico, es la observancia religiosa, la cual a su vez, se fundamenta en la autoridad del precepto.


La relevancia de este proceso es además pivotal para mantener la vigencia  de las leyes a través del tiempo. Sólo aquella tradición religiosa que pueda proveer de respuestas pertinentes a quienes buscan esclarecimiento e inspiración a sus interrogantes existenciales más profundos,  logrará  mantenerse vital y permanente en el corazón de sus adherentes.  Siendo que, por un lado,  los cambios generacionales presentan sus propios desafíos inherentes a la trashumancia de los tiempos y que, por el otro, el concepto “tradición” mesoráes, desde lo etimológico, “transmisión” de normas y valores ancestrales, la obligada síntesis entre ambos sólo se puede sostener a partir del acto interpretativo. Éste operará a partir del mensaje de antaño recibido y de su adecuación a las demandas vitales de aquella generación a la cual se busque servir.  Este delicado proceso se debe realizar sin violentar demasiado las consignas rectoras que fueran transmitidas del pasado, a la vez que se intente evitar el desatino del anquilosamiento de las eventuales leyes que este ejercicio teológico e intelectual  produzca. 

Esta gimnasia interpretativa milenaria, generadora de riqueza cultural, sabiduría, espiritualidad y práctica religiosa, cuya trascendencia cubre decenas de siglos hasta nuestros días, fue llevada a cabo por hombres, cargados de fe o inspiración divina tal vez, pero por hombres. En este sentido, sus pensamientos, sesgos ideológicos, prejuicios y creencias, muchas veces hoy ya superadas pero las cuales pudieron haber estado en boga en sus generaciones, hicieron su camino hacia el trabajo final que llevaran a cabo, con tanta devoción y con la tenaz intención de hacérnoslo llegar a nosotros.  De aquí, que el bagaje espiritual-literario que nos han legado es, no solamente rico y diverso, sino también, debemos conceder, muchas veces contradictorio. Si bien los principios hermenéuticos que guiaban sus deducciones, conclusiones y razonamientos fueron preestablecidos y respetados, esta realidad no impedía que a veces filosos contrastes entre las opiniones de los maestros se encontraran entre sus escritos.  Según la tradición rabínica, todas las interpretaciones válidas de la Torá escrita se revelaron a Moisés en el Sinaí en forma oral las cuales luego fueron transmitidas de maestro a alumno. La revelación oral es, en efecto, extensiva al propio Talmud. Cuando los diferentes rabinos producían interpretaciones contradictorias entre sí, a veces apelaban a los principios de hermenéutica para legitimar sus argumentos.  Hay quienes afirman que estos principios fueron revelados por Dios a Moisés en el Sinaí. Así, Hilel llamó la atención sobre siete de ellos, los cuales consideró de uso común en la interpretación de las leyes (braita a principios de Sifra). Esta obra es, en gran medida una ampliación de la de Hilel.  Eliezer b. José ha-Gelili produjo una lista de 32 reglas, muy utilizada para la exégesis de los elementos narrativos de la Torá. Todas las reglas de la hermenéutica dispersos a través de los Talmudim Midrashim han sido recopilados en Ayyelet-haShachar, la introducción al comentario sobre sifrá escrito por Meir Leibush ben Yehiel Michel Weiser (haMalbim, 1809-1879). Sin embargo, los 13 principios de Rabi Ishmael son, quizás, los más conocidos. Ellos constituyen una obra importante y una de las contribuciones más tempranas del judaísmo a la lógica, la hermenéutica y la a jurisprudencia universales.  Hoy los 13 principios de Rabi Ishamel son parte de la liturgia del sidur, libro de oraciones judío, para ser leído diariamente por los hijos de Israel en una suerte de reafirmación constante respecto de la legitimidad que sostienen a las enseñanzas  y deducciones  de nuestros maestros.

Por este motivo, es menester que los líderes religiosos en nuestro tiempo hagan sus propias elecciones respecto de qué narrativas ancestrales los representarán en sus discursos. Con que cosmovisiones se identificarán entre las ofrecidas por sus  fuentes escritas y cuáles serán las lecturas que efectuarán de los textos sagrados que se presenten frente a sus ojos. 

En rigor de verdad, la pauta central que siempre aglutinó a quienes se sentían comprometidos con el principio de la autoridad de la ley fue y es, fundamentalmente - aunque no exclusivamente - el acto revelatorio.  La necesidad de sostener esta visión se observa, a lo largo del tiempo en todos los estadios fundantes de la tradición judía. Así lo observamos en Tratado de lo Principios 1:1:

"Moshé recibió la Torá de Sinai y la transmitió a Iehoshúa, Iehoshua a los Ancianos; los Ancianos a los Profetas; y los Profetas la transmitieron a los Hombres de la Magna Asamblea"

Aquí el concepto de transmisión de lo recibido en Sinai hasta las generaciones postreras se mantuvo inalterable. Inclusive en el propio Talmud este principio fundante se manifiesta de manera clara. Es más, el cuestionamiento del mismo, es causal de castigo, incluyendo el ostracismo para quienes incurriere en ello:

Nuestros rabinos enseñaron: "Porque ha despreciado la palabra del Señor y ha roto su mandamiento, esa alma será totalmente talada" (Num 15:31),  esto se refiere a quien sostiene que la Torá no deviene del cielo. Otra versión: “Porque ha despreciado la palabra del Señor…”, se refiere a un epikoros. Otra versión: “Porque ha despreciado la palabra del Señor…”, se refiere a uno que da una interpretación de la Torah [no según la Halajá- La Ley judía]. “…Y ha roto su mandamiento”: esto significa que quien suprime el Pacto de carne (berit milá), su alma será totalmente talada [hikkareth tikkareth]: 'hikkareth' [a cortar] implica en este mundo; 'tikkareth' [se deberá cortar], en el mundo venidero. Por lo tanto, Rabí Eliézer de Modi'im ha enseñado que, el que contamina el alimento sagrado, desprecia a los festivales, suprime el Pacto de nuestro padre Abraham, da una interpretación de la Torá no según la Halajá y avergüenza públicamente a su vecino, aunque él posea estudio y buenas obras a su favor, no tendrá lugar en el mundo venidero. Otra [Baraitha] enseñó: “Porque ha despreciado la palabra del señor…” — esto se refiere a quien sostiene que la Torá no es del cielo. Y aunque él afirme que toda la Torá fue concebida en el cielo, con la excepción de un verso particular  y [mantiene] que éste no se pronunció por Dios sino por Moisés,  él mismo, está incluido en las generales de 'Porque ha despreciado la palabra del señor. Y aunque admita que la Torá toda deviene toda del cielo, con excepción de un único punto, una deducción particular o una simple, guezerá shavá, analogía, — él todavía estará incluido en las generales de 'porque ha despreciado la palabra del señor' (TB San 99ª)

Lo mismo observamos en el Mishné Torá  de Maimónides:

Hay tres tipos de personas que niegan la Torá: (1) Quien dice que la Torá no es divina (aunque que se refiera a una frase o palabra) y sostiene que Moisés escribió la Torá por sí mismo; (2) Quien niega las explicaciones de la Torá, es decir, la ley Oral, y refuta a sus predicadores, y (3) Quien dice que Dios sustituyó un precepto por otro invalidando, de este modo, la Torá. (Leyes de Arrepentimiento)

El hecho de que se haya construido una valla respecto de esta creencia sobre la “celestialidad” de la Torá y, a su vez, se haya dejado en claro la ilegitimidad de cualquier interpretación que contradiga radicalmente los principios del espíritu rabínico clásico, tuvo un gran impacto en el desarrollo ulterior de la práctica judía. Por un lado, se preservó, de algún modo, la continuidad y coherencia de la Ley pero, por el otro, el limitó el florecimiento de miradas alternativas a las que eran aceptadas. Si bien, eventualmente, muchas de ellas igual prosperaron, como fue el caso de las de Spinoza entre otros, éstas encontraron su espacio formal, fundamentalmente, después de la emancipación europea. La necesidad de dejar claro este principio de autoridad emerge también, y como ya mencionamos,  de las aparentes contradicciones que invariablemente se percibían en el texto sagrado. Es interesante que el propio Rashi aluda a esta situación cuando, explicando su rol en tanto exégeta, nos manifiesta en Génisis 3:8:

“Y han oído: Hay muchos midrashim agádicos  y nuestros sabios ya los han dispuestos en el orden correcto en Génesis Rabá y otros midrashim, por ello  yo he venido sólo [a enseñar] el significado simple de la Escritura y de la  Agadá que busca asentar y fluidificar las palabras de los versos, cada palabra en su forma correcta”.

Esta situación de tensión insoslayable entre las diversas lecturas, todas con pretendida raigambre revelatoria, llevó a los movimientos religiosos que se constituyeron después de la Revolución Francesa a replantearse este axioma. De esta forma el Movimiento Conservador en su “Declaración de Principios” Emet veEmuna  expone:

“La naturaleza de la revelación y su significado para el pueblo judío han sido interpretados de varias maneras para la Comunidad Conservadora.  Creemos que las fuentes clásicas del judaísmo, proveen amplios precedentes para estas perspectivas de la Revelación. El único y mayor hecho de historia de la Revelación Divina, tuvo lugar en el Sinaí, pero no se limitó a eso. La comunicación de Dios, continuó en las enseñanzas de los Profetas y de los Sabios bíblicos, así como en las actividades de los Rabinos, de la Mishná y del Talmud, hecha carne en la Halajá y la Agadá (Ley y Sabiduría). El proceso de la Revelación tampoco concluyó allí; se mantiene vivo en los Códigos y Responsas hasta hoy en día.

Algunos conciben la Revelación como el encuentro personal entre Dios y los seres humanos. Entre ellos hay quienes creen que este encuentro personal tiene un contenido proposicional, que Dios se comunicó con nosotros mediante palabras reales. Para ellos, el contenido de la Revelación,  es directamente normativo, definido por la interpretación rabínica. Los mandamientos de la Torá mismos emanan directamente de Dios. Otros, sin embargo, piensan que la Revelación consiste en un inefable encuentro humano con Dios. La experiencia de la Revelación inspira la formulación verbal de normas e ideas por el ser humano continuando así la influencia histórica de este encuentro revelacional.

Otros, conciben a la Revelación como el continuo descubrimiento a través  de la naturaleza y la historia, de verdades acerca de Dios y del mundo…Los que proponen este punto de vista tienden a considerar a la Revelación más como un proceso en marcha que como un acontecimiento específico.”

En este sentido, la contribución más trascendental de este proceso fue, quizás, el redimensionamiento del componente humano en la confección de los textos del Pentateuco. En palabras: la participación del hombre en la transmisión del proyecto Divino. El Movimiento Conservador incorporó esta premisa teológica como una de las bases esenciales de su discurso. El texto bíblico sería, a la luz de esta idea, algo así como el testimonio humano del encuentro entre el hombre y Dios.

Esta concepción de la narrativa bíblica, llevó necesariamente a una revisión de la idea fundamental que existía sobre “la Revelación” y de las metodologías literalistas para la comprensión de los textos. En sintonía con lo mencionado, Abraham J. Heschel sostiene que quien recibe la “Revelación” juega un rol particularmente activo en la formulación posterior de su contenido, ya que este es, en definitiva, moldeado de acuerdo a su propia y particular personalidad (EJ vol 14 pág. 125). Por ello sugiere que:

“La forma más segura de malentender la “Revelación” es tomarla literalmente” (Dios en busca del hombre, p. 230)

Distinguiendo entre palabras que él denomina “descriptivas” y otras “indicativas” dentro del conjunto redaccional del mensaje bíblico, estableció:

“La función de las palabras ‘descriptivas’ es la de evocar una idea que nuestra mente ya posee, evocar significados preconcebidos. Las palabras ‘indicativas’ tienen otra función. Lo que ellas originan no es un recuerdo sino una respuesta, ideas desconocidas, significados hasta entonces no cabalmente comprendidos” (op. cit. pág. 234).

La construcción de una ética basada en un literalismo a ultranza genera, en nuestra opinión, algunas situaciones que podrían eventualmente atentar contra el objetivo para el cual dicha ética fue establecida.  Si partimos de la base de que el mensaje “revelatorio” registrado en la Torá tiene como objetivo fundamental el producir una normativa a partir de la cual el hombre pueda dignificar y mejorar cada vez más su conducta, entonces, el considerar que lo que quiere Dios de nosotros es exactamente lo que la letra del Texto indica, llevaría prácticamente a la anulación del margen participativo del hombre en el diseño de su vida cotidiana.

Nuestros sabios eran conscientes de la necesidad de interpretar el texto para mantener el mensaje vigente a través de los tiempos. Pero a la vez, también se sentían comprometidos con una doctrina a partir de la cual la Divinidad estaba en la propia letra del texto. Por ello,  buscaron resolver esta contradicción afirmando que las “lecturas” que efectuaran respecto de dicha letra santa, al igual que todas aquellas que hicieran sus discípulos en el futuro, constituían una parte integral de lo revelado a Moisés en el monte Sinaí.

En función de lo expuesto, queda claro que el hecho de que los preceptos sean ordenanzas que llegan a nosotros por voluntad de Dios, y de que sus contenidos como las interpretaciones que se hayan hecho de ellos a través de los siglos, también lo sean, no nos exoneran necesariamente de la mirada crítica y constructiva con la que debemos munirnos al encarar lo que se nos enseña. Al igual que nuestros antepasados, nosotros también, como hijos de nuestro tiempo, no debemos olvidar el objetivo final  por el cual se nos hizo llegar este tesoro de valores. Se trata de que sepamos construir una comunidad humana donde el bien, el amor, la solidaridad, el respeto por el otro y la dignidad, sean los basamentos fundantes donde ésta se asiente. 

Conforma La Biblia un gran mosaico de ideologías e intencionalidades

Escrito por kivun 30-05-2016 en entrevistas. Comentarios (0)

"Existen dos formas de aproximarse al texto: la confesional y la crítica." Lourdes Vera Manjarrez

La política no está presente únicamente en los ámbitos institucionales global y nacional: se encuentra también enclavada de manera profunda en otras esferas, entre ellas la literatura bíblica, observó el doctor Felipe Yafe, profesor de estudios de La Biblia en la Universidad Maimónides, de Buenos Aires, Argentina.

Durante una conferencia magistral impartida en la Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el especialista señaló que existen dos formas de aproximarse al texto bíblico: la confesional o de la fe, que considera La Biblia como el texto que contiene la palabra de Dios –en el caso del pensamiento judío están La Tora y El Pentateuco o los cinco libros de Moisés– y la crítica, es decir, una interpretación desde el punto de vista científico.

Al público –formado por jóvenes estudiantes de la División de Ciencias Sociales y Humanidades– recordó que la revolución positivista y darwinista de fines del siglo XIX permeó todas las ciencias, y los textos bíblicos no fueron la excepción.

La Biblia se convirtió también en objeto de análisis. Los estudios críticos de La Biblia, compartió el profesor del Seminario Rabínico Latinoamericano, “se realizan desde diversas perspectivas, incluidas la literatura comparada, la antropología, la arqueología, la psicología, la sociología y la lingüística”.

Los resultados de tales investigaciones han sido sorprendentes: “se ha determinado, por ejemplo, que los textos bíblicos no fueron escritos al mismo tiempo y que quienes los escribieron tenían una ideología e intencionalidad políticas”, dijo el rabino.

Esto queda claro si se observa que en un mismo capítulo los párrafos no tienen el mismo idioma ni línea ideológica, y que un texto puede identificarse como una crónica real del año 800 a. C. y otro como una crónica real opuesta a la primera y escrita 300 años después.

Sin embargo, todo se armó como un gran mosaico que converge y transmite los pensamientos planteados con intencionalidad.

Como sucede en todo capítulo de la historia, los ganadores son quienes lo escriben; la dinastía o el rey favoritos del autor son ensalzados y los contrarios denostados y ocultados hasta en sus nombres, indicó el autor del libro Profetas, reyes y hacendados en la época bíblica: estudio teológico, sociológico y crítico del Israel preclásico.

Para demostrar que la política se encuentra en los textos sagrados realizó con los alumnos un acercamiento crítico al último capítulo del Primer libro de los reyes, que narra la historia del rey Acab en la que se ofrecen dos finales a la vida del monarca: una muerte violenta y otra en paz.

“¿Cuál de las narraciones es la verdadera y por qué el texto bíblico mantiene contradicciones irreconciliables surgidas de ‘líneas editoriales’ distintas?”, preguntó Yafe en las conclusiones del análisis.

La respuesta se encuentra en la calidad sagrada de los textos: los divulgadores consideraban estos escritos divinos, por lo que las narraciones sobre un mismo suceso pueden ser contradictorias, pero se respetaron y permanecieron.

Los especialistas contemporáneos en estudios críticos de La Biblia pueden identificar las claves políticas de aquellos tiempos y explicar estas discordancias.


Entrevista extraída del Semanario de la UAM.
Fuente: http://www.uam.mx/semanario/xviii_21/files/assets/seo/page6.html

Felipe Yafe - Conferencia Malvinas

Escrito por kivun 04-03-2016 en conferencias. Comentarios (0)

Les dejo la conferencia sobre Malvinas que hicimos en su momento con Bet Hilel. Espero la disfruten.



Entrevista con Dario Z

Escrito por kivun 10-12-2015 en videos. Comentarios (0)

Inauguramos este Blog, este espacio de reflexión con una hermosa entrevista junto a Darío Sztajnszrajber. 

Espero la Disfruten. 

Felipe Yafe





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