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Interpretación Textual e Identidad Religiosa

Escrito por kivun 27-06-2016 en Felipe Yafe. Comentarios (0)

Ponencia del Rabino Dr Felipe Yafe en el marco de la Conferencia del ICCJ 2014 realizada en Buenos Aires.

El ejercicio interpretativo del texto sagrado en el judaísmo, es el mecanismo por el cual la santidad de la palabra revelada puede transferirse a textos generados ulteriormente por autoridades religiosas a partir los cuales, la comunidad de Israel puede ordenar sus vidas.

La implementación para este propósito de principios hermenéuticos fijos, establecidos por nuestros sabios desde los orígenes del rabinismo es, en definitiva, la que otorga legitimidad confesional a estas obras. La puesta en práctica de manera dinámica y cotidiana de este ejercicio es imprescindible, sobre todo, para quienes adhieren, desde lo espiritual, a una tradición normativa. Para ellos, la pauta central que guía sus experiencias vitales, tanto desde lo mundano como desde lo cultico, es la observancia religiosa, la cual a su vez, se fundamenta en la autoridad del precepto.


La relevancia de este proceso es además pivotal para mantener la vigencia  de las leyes a través del tiempo. Sólo aquella tradición religiosa que pueda proveer de respuestas pertinentes a quienes buscan esclarecimiento e inspiración a sus interrogantes existenciales más profundos,  logrará  mantenerse vital y permanente en el corazón de sus adherentes.  Siendo que, por un lado,  los cambios generacionales presentan sus propios desafíos inherentes a la trashumancia de los tiempos y que, por el otro, el concepto “tradición” mesoráes, desde lo etimológico, “transmisión” de normas y valores ancestrales, la obligada síntesis entre ambos sólo se puede sostener a partir del acto interpretativo. Éste operará a partir del mensaje de antaño recibido y de su adecuación a las demandas vitales de aquella generación a la cual se busque servir.  Este delicado proceso se debe realizar sin violentar demasiado las consignas rectoras que fueran transmitidas del pasado, a la vez que se intente evitar el desatino del anquilosamiento de las eventuales leyes que este ejercicio teológico e intelectual  produzca. 

Esta gimnasia interpretativa milenaria, generadora de riqueza cultural, sabiduría, espiritualidad y práctica religiosa, cuya trascendencia cubre decenas de siglos hasta nuestros días, fue llevada a cabo por hombres, cargados de fe o inspiración divina tal vez, pero por hombres. En este sentido, sus pensamientos, sesgos ideológicos, prejuicios y creencias, muchas veces hoy ya superadas pero las cuales pudieron haber estado en boga en sus generaciones, hicieron su camino hacia el trabajo final que llevaran a cabo, con tanta devoción y con la tenaz intención de hacérnoslo llegar a nosotros.  De aquí, que el bagaje espiritual-literario que nos han legado es, no solamente rico y diverso, sino también, debemos conceder, muchas veces contradictorio. Si bien los principios hermenéuticos que guiaban sus deducciones, conclusiones y razonamientos fueron preestablecidos y respetados, esta realidad no impedía que a veces filosos contrastes entre las opiniones de los maestros se encontraran entre sus escritos.  Según la tradición rabínica, todas las interpretaciones válidas de la Torá escrita se revelaron a Moisés en el Sinaí en forma oral las cuales luego fueron transmitidas de maestro a alumno. La revelación oral es, en efecto, extensiva al propio Talmud. Cuando los diferentes rabinos producían interpretaciones contradictorias entre sí, a veces apelaban a los principios de hermenéutica para legitimar sus argumentos.  Hay quienes afirman que estos principios fueron revelados por Dios a Moisés en el Sinaí. Así, Hilel llamó la atención sobre siete de ellos, los cuales consideró de uso común en la interpretación de las leyes (braita a principios de Sifra). Esta obra es, en gran medida una ampliación de la de Hilel.  Eliezer b. José ha-Gelili produjo una lista de 32 reglas, muy utilizada para la exégesis de los elementos narrativos de la Torá. Todas las reglas de la hermenéutica dispersos a través de los Talmudim Midrashim han sido recopilados en Ayyelet-haShachar, la introducción al comentario sobre sifrá escrito por Meir Leibush ben Yehiel Michel Weiser (haMalbim, 1809-1879). Sin embargo, los 13 principios de Rabi Ishmael son, quizás, los más conocidos. Ellos constituyen una obra importante y una de las contribuciones más tempranas del judaísmo a la lógica, la hermenéutica y la a jurisprudencia universales.  Hoy los 13 principios de Rabi Ishamel son parte de la liturgia del sidur, libro de oraciones judío, para ser leído diariamente por los hijos de Israel en una suerte de reafirmación constante respecto de la legitimidad que sostienen a las enseñanzas  y deducciones  de nuestros maestros.

Por este motivo, es menester que los líderes religiosos en nuestro tiempo hagan sus propias elecciones respecto de qué narrativas ancestrales los representarán en sus discursos. Con que cosmovisiones se identificarán entre las ofrecidas por sus  fuentes escritas y cuáles serán las lecturas que efectuarán de los textos sagrados que se presenten frente a sus ojos. 

En rigor de verdad, la pauta central que siempre aglutinó a quienes se sentían comprometidos con el principio de la autoridad de la ley fue y es, fundamentalmente - aunque no exclusivamente - el acto revelatorio.  La necesidad de sostener esta visión se observa, a lo largo del tiempo en todos los estadios fundantes de la tradición judía. Así lo observamos en Tratado de lo Principios 1:1:

"Moshé recibió la Torá de Sinai y la transmitió a Iehoshúa, Iehoshua a los Ancianos; los Ancianos a los Profetas; y los Profetas la transmitieron a los Hombres de la Magna Asamblea"

Aquí el concepto de transmisión de lo recibido en Sinai hasta las generaciones postreras se mantuvo inalterable. Inclusive en el propio Talmud este principio fundante se manifiesta de manera clara. Es más, el cuestionamiento del mismo, es causal de castigo, incluyendo el ostracismo para quienes incurriere en ello:

Nuestros rabinos enseñaron: "Porque ha despreciado la palabra del Señor y ha roto su mandamiento, esa alma será totalmente talada" (Num 15:31),  esto se refiere a quien sostiene que la Torá no deviene del cielo. Otra versión: “Porque ha despreciado la palabra del Señor…”, se refiere a un epikoros. Otra versión: “Porque ha despreciado la palabra del Señor…”, se refiere a uno que da una interpretación de la Torah [no según la Halajá- La Ley judía]. “…Y ha roto su mandamiento”: esto significa que quien suprime el Pacto de carne (berit milá), su alma será totalmente talada [hikkareth tikkareth]: 'hikkareth' [a cortar] implica en este mundo; 'tikkareth' [se deberá cortar], en el mundo venidero. Por lo tanto, Rabí Eliézer de Modi'im ha enseñado que, el que contamina el alimento sagrado, desprecia a los festivales, suprime el Pacto de nuestro padre Abraham, da una interpretación de la Torá no según la Halajá y avergüenza públicamente a su vecino, aunque él posea estudio y buenas obras a su favor, no tendrá lugar en el mundo venidero. Otra [Baraitha] enseñó: “Porque ha despreciado la palabra del señor…” — esto se refiere a quien sostiene que la Torá no es del cielo. Y aunque él afirme que toda la Torá fue concebida en el cielo, con la excepción de un verso particular  y [mantiene] que éste no se pronunció por Dios sino por Moisés,  él mismo, está incluido en las generales de 'Porque ha despreciado la palabra del señor. Y aunque admita que la Torá toda deviene toda del cielo, con excepción de un único punto, una deducción particular o una simple, guezerá shavá, analogía, — él todavía estará incluido en las generales de 'porque ha despreciado la palabra del señor' (TB San 99ª)

Lo mismo observamos en el Mishné Torá  de Maimónides:

Hay tres tipos de personas que niegan la Torá: (1) Quien dice que la Torá no es divina (aunque que se refiera a una frase o palabra) y sostiene que Moisés escribió la Torá por sí mismo; (2) Quien niega las explicaciones de la Torá, es decir, la ley Oral, y refuta a sus predicadores, y (3) Quien dice que Dios sustituyó un precepto por otro invalidando, de este modo, la Torá. (Leyes de Arrepentimiento)

El hecho de que se haya construido una valla respecto de esta creencia sobre la “celestialidad” de la Torá y, a su vez, se haya dejado en claro la ilegitimidad de cualquier interpretación que contradiga radicalmente los principios del espíritu rabínico clásico, tuvo un gran impacto en el desarrollo ulterior de la práctica judía. Por un lado, se preservó, de algún modo, la continuidad y coherencia de la Ley pero, por el otro, el limitó el florecimiento de miradas alternativas a las que eran aceptadas. Si bien, eventualmente, muchas de ellas igual prosperaron, como fue el caso de las de Spinoza entre otros, éstas encontraron su espacio formal, fundamentalmente, después de la emancipación europea. La necesidad de dejar claro este principio de autoridad emerge también, y como ya mencionamos,  de las aparentes contradicciones que invariablemente se percibían en el texto sagrado. Es interesante que el propio Rashi aluda a esta situación cuando, explicando su rol en tanto exégeta, nos manifiesta en Génisis 3:8:

“Y han oído: Hay muchos midrashim agádicos  y nuestros sabios ya los han dispuestos en el orden correcto en Génesis Rabá y otros midrashim, por ello  yo he venido sólo [a enseñar] el significado simple de la Escritura y de la  Agadá que busca asentar y fluidificar las palabras de los versos, cada palabra en su forma correcta”.

Esta situación de tensión insoslayable entre las diversas lecturas, todas con pretendida raigambre revelatoria, llevó a los movimientos religiosos que se constituyeron después de la Revolución Francesa a replantearse este axioma. De esta forma el Movimiento Conservador en su “Declaración de Principios” Emet veEmuna  expone:

“La naturaleza de la revelación y su significado para el pueblo judío han sido interpretados de varias maneras para la Comunidad Conservadora.  Creemos que las fuentes clásicas del judaísmo, proveen amplios precedentes para estas perspectivas de la Revelación. El único y mayor hecho de historia de la Revelación Divina, tuvo lugar en el Sinaí, pero no se limitó a eso. La comunicación de Dios, continuó en las enseñanzas de los Profetas y de los Sabios bíblicos, así como en las actividades de los Rabinos, de la Mishná y del Talmud, hecha carne en la Halajá y la Agadá (Ley y Sabiduría). El proceso de la Revelación tampoco concluyó allí; se mantiene vivo en los Códigos y Responsas hasta hoy en día.

Algunos conciben la Revelación como el encuentro personal entre Dios y los seres humanos. Entre ellos hay quienes creen que este encuentro personal tiene un contenido proposicional, que Dios se comunicó con nosotros mediante palabras reales. Para ellos, el contenido de la Revelación,  es directamente normativo, definido por la interpretación rabínica. Los mandamientos de la Torá mismos emanan directamente de Dios. Otros, sin embargo, piensan que la Revelación consiste en un inefable encuentro humano con Dios. La experiencia de la Revelación inspira la formulación verbal de normas e ideas por el ser humano continuando así la influencia histórica de este encuentro revelacional.

Otros, conciben a la Revelación como el continuo descubrimiento a través  de la naturaleza y la historia, de verdades acerca de Dios y del mundo…Los que proponen este punto de vista tienden a considerar a la Revelación más como un proceso en marcha que como un acontecimiento específico.”

En este sentido, la contribución más trascendental de este proceso fue, quizás, el redimensionamiento del componente humano en la confección de los textos del Pentateuco. En palabras: la participación del hombre en la transmisión del proyecto Divino. El Movimiento Conservador incorporó esta premisa teológica como una de las bases esenciales de su discurso. El texto bíblico sería, a la luz de esta idea, algo así como el testimonio humano del encuentro entre el hombre y Dios.

Esta concepción de la narrativa bíblica, llevó necesariamente a una revisión de la idea fundamental que existía sobre “la Revelación” y de las metodologías literalistas para la comprensión de los textos. En sintonía con lo mencionado, Abraham J. Heschel sostiene que quien recibe la “Revelación” juega un rol particularmente activo en la formulación posterior de su contenido, ya que este es, en definitiva, moldeado de acuerdo a su propia y particular personalidad (EJ vol 14 pág. 125). Por ello sugiere que:

“La forma más segura de malentender la “Revelación” es tomarla literalmente” (Dios en busca del hombre, p. 230)

Distinguiendo entre palabras que él denomina “descriptivas” y otras “indicativas” dentro del conjunto redaccional del mensaje bíblico, estableció:

“La función de las palabras ‘descriptivas’ es la de evocar una idea que nuestra mente ya posee, evocar significados preconcebidos. Las palabras ‘indicativas’ tienen otra función. Lo que ellas originan no es un recuerdo sino una respuesta, ideas desconocidas, significados hasta entonces no cabalmente comprendidos” (op. cit. pág. 234).

La construcción de una ética basada en un literalismo a ultranza genera, en nuestra opinión, algunas situaciones que podrían eventualmente atentar contra el objetivo para el cual dicha ética fue establecida.  Si partimos de la base de que el mensaje “revelatorio” registrado en la Torá tiene como objetivo fundamental el producir una normativa a partir de la cual el hombre pueda dignificar y mejorar cada vez más su conducta, entonces, el considerar que lo que quiere Dios de nosotros es exactamente lo que la letra del Texto indica, llevaría prácticamente a la anulación del margen participativo del hombre en el diseño de su vida cotidiana.

Nuestros sabios eran conscientes de la necesidad de interpretar el texto para mantener el mensaje vigente a través de los tiempos. Pero a la vez, también se sentían comprometidos con una doctrina a partir de la cual la Divinidad estaba en la propia letra del texto. Por ello,  buscaron resolver esta contradicción afirmando que las “lecturas” que efectuaran respecto de dicha letra santa, al igual que todas aquellas que hicieran sus discípulos en el futuro, constituían una parte integral de lo revelado a Moisés en el monte Sinaí.

En función de lo expuesto, queda claro que el hecho de que los preceptos sean ordenanzas que llegan a nosotros por voluntad de Dios, y de que sus contenidos como las interpretaciones que se hayan hecho de ellos a través de los siglos, también lo sean, no nos exoneran necesariamente de la mirada crítica y constructiva con la que debemos munirnos al encarar lo que se nos enseña. Al igual que nuestros antepasados, nosotros también, como hijos de nuestro tiempo, no debemos olvidar el objetivo final  por el cual se nos hizo llegar este tesoro de valores. Se trata de que sepamos construir una comunidad humana donde el bien, el amor, la solidaridad, el respeto por el otro y la dignidad, sean los basamentos fundantes donde ésta se asiente. 

El movimiento conservador frente a otras posturas del judaísmo

Escrito por kivun 08-06-2016 en Entrevista. Comentarios (0)

Entrevista realizada al Dr. Rabino Felipe Yafe por Enrique Rivera.

Enrique.- ¿Cuál es la postura del Movimiento Conservador respecto a otras maneras de ver el judaísmo?

Rabino Felipe Yafe.- El Movimiento Conservador, por definición, es pluralista. En consecuencia, al ser pluralista, se erige como una alternativa de visión y cosmovisión del pensamiento judío. No considerándose a sí mismo como la única opción, sino como una opción más que se brinda al Pueblo Judío para aquellos que se puedan sentir cobijados bajo su ala en lo tradicional y lo ritual, en lo ideológico.

El judaísmo conservador ofrece una alternativa sana, abierta, inteligente, creativa, tradicional, con su vínculo indisoluble con la Torá, pero a su vez, con una perspectiva de modernidad y hacia el mundo que estamos viviendo.

E.-¿Cómo piensa que debemos manejar la postura de otros movimientos del judaísmo que no nos reconocen?

R.F.Y.- Si otro movimiento no me reconoce a mí, es el problema del otro movimiento. No es el otro el que va a determinar mi legitimidad, si yo entiendo que lo que hago es correcto, y cuando utilizo el término correcto no lo hago desde una perspectiva completamente egoísta; (uso el término) porque yo veo que el movimiento al que pertenezco tiene una ideología fundante, que está fuertemente enraizada en la tradición judía que tiene una continuidad natural y fluida con las fuentes de la Mishná, Torá, Talmud, Poskim, con el Rambam, hasta nuestros días y que nosotros, con el hecho de poder modificar determinadas perspectivas de vida, no estamos haciendo más que lo que hicieron nuestros antepasados, cada uno en su generación y en su tiempo. Ejemplos de ello son decenas de miles que se pueden encontrar, en los propios textos rabínicos tradicionales. Que otros movimientos se limiten a decir ‘yo no pienso como el movimiento conservador’, es absolutamente legítimo. Sería muy arrogante pedir que todo el mundo acuerde con nosotros.

Tengo el dolor de que hermanos de mi propia fe no sólo no compartan, sino que me combatan. En algún momento esto tendrá que ser reflexionado. Y, si un día esta armonía y este entendimiento llegan, bienvenida sea. Si no, nosotros tenemos mucho trabajo por hacer por el Pueblo Judío: empezando por la educación de cada uno de nuestros miembros en nuestras distintas comunidades que son muchas, alrededor del mundo.

E.- Así como hay movimientos dentro el judaísmo que no aceptan al movimiento conservador, ¿También hay corrientes que el movimiento conservador no acepta?

R.F.Y.- Tendríamos que definir la palabra aceptar: una cosa es acordar, otra aceptar, otra dar legitimidad; otra es que me plazca su doctrina. El Movimiento Conservador no tiene, inherente a su ideología fundante, ningún tipo de posición deslegitimizadora de algún movimiento religioso que tenga una coherencia interna y que se vea a sí mismo como un proyecto de desarrollo evolutivo de la historia del Pueblo Judío.

¿Hay movimientos con los que no acordamos? Sí. Por ejemplo, con el Movimiento Reformista, con quienes en algunos de sus postulados no acordamos. Hasta el momento, por ejemplo, el Movimiento Conservador entiende que un judío es aquel que proviene de una madre judía. Para el Movimiento Reformista, puede ser quien provenga de padre o madre judía. Ahora, ¿desligitimizamos al Movimiento Reformista? No. Pero, no acordamos con él, entre otros aspectos.

Vayamos a la Ortodoxia, la cual no es monolítica, aunque en ocasiones se quiere presentar como tal. En ocasiones hay una profunda hostilidad entre sus movimientos, incluso mayor que la que existe hacia el movimiento conservador. Los mitnagdim contra los jasidim. En más de una ocasión, en Estados Unidos, han quemado la imagen del Rebe, en una situación de violencia.

¿Nosotros consideramos que los movimientos ortodoxos no son legítimos? Por supuesto que lo son. Lo que no acordamos con ellos, es en su cosmovisión de lo que significa la vida humana, respecto, por ejemplo, de la posición de la mujer. Ahora, las mujeres ortodoxas que se sienten cómodas con esa perspectiva de vida, están en su absoluto derecho y libertad de vivirlo de esa manera, si es ese el rol que quieren tener. En definitiva, el judaísmo es una forma de vida y como forma de vida los que la viven deben de estar felices con la que llevan. Si esa perspectiva será conservadora, ortodoxa, jasídica, jaridit, … será perfecto.

Hay movimientos ultra ortodoxos, por ejemplo, que niegan y hostilizan el derecho de Israel de existir. En lo personal me irrita profundamente, pero desde lo intelectual puedo entender que ellos tienen una línea ideológica, que respeto pero no comparto para nada, de dónde está D-os y dónde está la diáspora y el eventual permiso de D-os para el surgimiento del Movimiento Sionista.

Muchos de estos judíos van a Irán y comparten una mesa con Mahmud Ahmadinijad, el peor enemigo de Israel en este momento. Me causa muchísimo dolor ver a judíos que se consideran a sí mismos sostenedores del principio de la fe, en su manera más extrema, como los preferidos de D-os, llevando esas posturas. Entonces, no todo lo que brilla es oro. Y no todo lo que parece ser, es.

En la realidad los movimientos religiosos no son partidos políticos o grupos políticos dogmáticos. Vamos a observar que un ortodoxo moderno casi se toca con un conservador. Y un conservador de izquierda o hiper-liberal, se rozará con un reformista más tradicionalista. Somos seres humanos y no son doctrinas de vida o muerte. La vida se vive desde la piel, desde el amor, del sentimiento, la pasión…


La Noche de los Cristales Rotos y el hoy

Escrito por kivun 08-06-2016 en Discurso. Comentarios (0)

Por el Rabino Dr. Felipe C. Yafe

Exposición pronunciada en la Parroquia San Nicolás de Bari junto al entonces Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Jorge Bergoglio, el miércoles  9 de noviembre de 2005.

Cuando D’s convoca a Abraham.........lek leka... “Vete de tu país y de tu lugar natal y de la casa de tu padre a la tierra que habré de mostrarte”. En ese momento y refiriéndose a su descendencia  D’s le dice: “Y te haré un pueblo grande, te bendeciré y engrandeceré tu nombre y sé bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan, y serán bendecidas por ti todas las familias de la tierra”.

Pero Abraham, nuestro padre común, nunca imaginó que iba a tener que esperar tanto para  ver a su descendencia recibir la gracia de la tierra prometida y tantos siglos, para ver a sus hijos reposando juntos en bendición, en armonía y en paz. Así, en el pacto de los Animales Partidos del Génesis D’s le anuncia:

“Saber habrás de saber que extranjera será tu descendencia en una tierra que no es de ellos  --- los esclavizarán y los afligirán. Mas en la cuarta generación retornarán aquí....”

Así conoció el pueblo hebreo por primera vez, que en su caso, el sufrimiento sería siempre  el prolegómeno que anticiparía eventuales momentos de dicha. Una dicha que el pueblo judío aprendería a disfrutar y a celebrar, sin olvidar, ni por un momento, el dolor que la precediera. De este modo y como una sentencia milenaria de hacer de la memoria un culto, cada judío fue instruido desde sus textos sagrados a saber que “...que en cada generación habría quienes buscarían dañarlo y destruirlo...” Angustia, zozobra y desdicha. Pero, que a su vez, y no obstante lo anterior “en cada generación cada hijo de Israel debía sentirse como si él hubiera salido de Egipto”. La libertad, la gloria, la alegría, la sonrisa.

Así, los vaivenes y contrastes de la vida nos volvió un pueblo extraño. Celebramos el casamiento de nuestros hijos, mientras antes del grito de mazel tov “Tened buena suerte” rompemos una copa para recordar la amargura del Exilio. Cuando festejamos la construcción de un nuevo hogar para nuestras familias, dejamos un rincón sin terminar para no olvidar el dolor de la destrucción del Gran Templo y la pérdida de Jerusalem nuestra ciudad santa. 

Cuando, con alegría y regocijo celebramos Pesaj, la pascua judía,  en la Europa medieval, dejábamos la puertas de nuestras casas abiertas para que nuestros vecinos vieran que no era cierto aquello de que sacrificábamos niños cristianos para preparar con su sangre la matzá, nuestros panes ácimos.

La historia y su protagonista principal, la humanidad, fueron muy duras con nosotros. Casi 2.000 años de persecución, de expulsiones y antisemitismo; de satanización del judío y de anticristo; de crueles cruzadas, de inquisición y de racismo, dejaron su marca indeleble en nuestra percepción del mundo, en nuestra forma de ver la vida y en nuestra personalidad colectiva. Nuestro pueblo pudo recién en nuestro tiempo, finalmente encontrar su renacimiento y redención al recuperar su tierra y con ella, su sonrisa.

Esta noche nos congregamos a evocar el horror de la “Noche de los Cristales rotos”.  Fatídica noche aquella en la Alemania Nazi de 1938, donde se preanunciara el genocidio humano metódicamente planificado más grande de todos los tiempos y con él, el exterminio de 6.000.000 de judíos. No hay evento más trágico y doloroso, tanto en la historia como en la memoria colectiva judía, que la Shoá. Los hornos crematorios humeantes, los montículos de despojos humanos amontonados, y las imágenes de esqueletos vivientes deambulando sin rumbo por los campos de concentración muy tardíamente liberados, se erigieron en testimonio eterno y agónico de lo que allí hubo ocurrido.

Y sin embargo, desde hace algunos años, junto el terrible sentimiento de aflicción que experimentamos por el motivo que nos convoca, algunos de nosotros comenzamos a percibir que más allá del dolor, parecería haber una tenue luz de esperanza en el horizonte de la humanidad  y su desesperada necesidad de entendimiento entre los hombres. Y esto es, queridos amigos, porque esta noche los judíos recordamos y evocamos a nuestros muertos, pero esta vez en la confraternidad de nuestros hermanos cristianos y musulmanes.

Será esto también parte de la vivencia judía, donde el sufrimiento inenarrable por lo perdido se mezcle hoy con una tímida brisa fresca y esperanzadora en futuro que aun no nos es del todo prometido. Tal vez.

¿Qué sentirá Abraham, nuestro padre, desde su páramo celestial al ver a sus hijos finalmente orando juntos. Respetando sus diferencias, sus creencias y sus ritos, pero juntos. ¡¿Por qué esperaron tanto?! entre otras cosas podría preguntar. Probablemente tendría razón. Pero fue la realidad que nos tocó enfrentar y tenemos que convivir con ella lo mejor posible.

La historia no se puede cambiar para atrás, no se puede maquillar ni volverla  más bonita. Sus dolorosas marcas son parte integral de nuestro pasado y son inexorablemente indelebles. Los judíos entendemos, como explica nuestro maestro Rabi Moshé ben Maimon, Maimónides en sus hiljot teshuva “Leyes del Arrepentimiento”, que no estamos autorizados a perdonar a quienes llevaron a cabo los crímenes, vejámenes y persecuciones contra nuestros muertos. Solo ellos tendrían el derecho, pero ya no están para eventualmente elegir hacerlo. No obstante ello, sí podemos escribir una historia distinta de ahora en más. Una historia que sea el fiel reflejo de la bendición de D’s a Abraham nuestro padre y que se supone debe llegar a nosotros todos, ya que somos en definitiva nada menos que sus hijos.

Algunos pasos se han dado desde nuestros hermanos cristianos en esta dirección. El primero que quiero mencionar es aquel documento inspirado por Juan el Bueno, el Papa Juan XXIII, y promulgado por Pablo VI el 28 de octubre 1965. En la histórica declaración de Nostra Aetate respecto del judaísmo y de los judíos. Entre otros conceptos se afirma en ella que:

“Al investigar el ministerio de la Iglesia, este sagrado Concilio recuerda el vínculo con que el pueblo del Nuevo Testamento está espiritualmente unido a la raza de Abraham....Que la salvación de la Iglesia está místicamente prefigurada en la salida del pueblo elegido de la tierra de la esclavitud. Por lo cual, la Iglesia no puede olvidar que ha recibido la revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo con quien D’s, por su inefable misericordia, se dignó a establecer la Antigua Alianza, ni puede olvidar que se nutre de la raíz del buen olivo, en que se han injertado las ramas del olivo silvestre que son los gentiles.

Como es, por consiguiente, tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos, que se consigue, sobre todo, por medio de los estuD’s bíblicos y teológicos y con el diálogo fraterno. 

Respecto de la muerte de Cristo, la Declaración afirma que: “lo que en su pasión se hizo no puede ser imputado, ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy”.

Además, se establece claramente que la Iglesia reprueba cualquier persecución contra los hombres y que,  consciente del patrimonio común con los judíos e impulsada no por razones políticas, sino por la religiosa caridad evangélica, deplora los oD’s, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos”.

Entre otros documentos promulgados sobre nuestras relaciones, quisiera rescatar algunos párrafos del discurso de ese gigante, que fue el difunto Papa Juan Pablo II, pronunciado ante los participantes del Simposio sobre “Las raíces del antijudaísmo en los ambientes cristianos” en Roma el 31 de Octubre de 1997.

“De hecho, declaró Juan Pablo II con valentía, en el mundo cristiano, han circulado injustas interpretaciones del Nuevo Testamento relativas al pueblo judío a su supuesta culpa engendrando sentimientos de hostilidad respecto a este pueblo. También contribuyeron a adormecer muchas conciencias, de modo que, cuando se extendió por Europa la ola de persecuciones inspiradas por un antijudaísmo pagano, la resistencia espiritual de muchos, no fue la que la humanidad tenía el derecho de esperar de parte de los discípulos de Cristo. Vuestra lúcida mirada sobre el pasado, con vistas a una purificación de la memoria, es particularmente oportuna para mostrar claramente que el antisemitismo no tienen ninguna justificación y es absolutamente condenable”.

“De todos lo dicho podemos sacar unas conclusiones que sirvan de orientación a la actitud del cristiano y a la labor del teólogo. La iglesia condena con firmeza todas las formas de genocidio, así como las teorías racistas que las inspiran y que pretenden justificarlas.

El racismo es, pues, una negación de la identidad más profunda del ser humano, persona creada a imagen y semejanza de D’s. A la malicia moral de todo genocidio se añade, con la Shoah, la malicia de un odio que ataca el plan salvífico de D’s sobre la historia”.

Las últimas palabras de Juan Pablo II, casi como proféticas, vuelven a tener esta noche, una vigencia única. Hoy nos hemos congregado para recordar y evocar el genocidio de 6 millones de judíos. Lo hacemos cada año con la intención de llorar por lo ocurrido, pero también de gritarle al mundo que no permitiremos que esto vuelva a ocurrir. Ya no más, nunca más.

Es por ello, que con profunda preocupación y desazón, vemos hoy como una religión hermana, la Islámica, Abrahámica ella también, que vio siglos de gloria, entendimiento y amor entre el pueblo judío y sus hijos, es hoy tenida como rehén por grupos extremistas que ni la dignifican ni cabalmente la representan y que invocándola, vuelven a reflotar el maligno fantasma del genocidio al judío.

Así, con estupor, escuchamos al ex presidente de Malasia, Mahatir Muhamad, en su discurso inaugural sobre la cumbre islámica,  los siguientes conceptos: “Mil trescientos millones de musulmanes no pueden ser derrotados por unos pocos millones de judíos... Los europeos mataron a seis millones de judíos de un total de doce millones. A pesar de ello hoy lo judíos gobiernan el mundo indirectamente. Hacen que otros luchen y mueran por ellos”.

Tiempo después, con consternación, fuimos testigos de las declaraciones del jefe de Estado de la República Islámica de Irán, Mahmud Ahmadinejad, quien como en una suerte de exabrupto afirmó ante 4000 estudiantes en una conferencia denominada “El Mundo sin Sionismo” que “Israel debe ser borrada del mapa”. Sería la primera vez en reciente memoria que un jefe de estado exhorta formalmente a la destrucción y aniquilación de otro. Agregando además que “todo aquel que reconozca a Israel, se quemará en la hoguera de la furia de la nación Islámica”. Hoguera esta que viene consumiendo a cientos de vidas humanas inocentes en incontables actos terroristas. Lo hemos padecido aún en nuestro país, en los todavía impunes atentados a la Embajada de Israel y a la sede de la AMIA.

Queridos hermanos, hay tanto aún por hacer. Tanto odio que aplacar, y tanto dolor para mitigar. Juntémonos y hagamos lo que tenemos que hacer. No permitamos que perezcan por segunda vez los muertos que estamos evocando hoy haciendo que su fallecimiento haya sido en vano. El mundo puede y tiene que ser diferente. Y nosotros, todos juntos,  podemos lograrlo. Dice la Torá desde el Deuteronomio:

“Pongo por testigos contra vosotros el día de hoy: los cielos y la tierra; la vida y la muerte he dado ante ti, la bendición y la maldición...Elige la vida, para que vivas tú y tu descendencia”.

¡Elijamos pues la vida, siempre la vida!